“Yo quiero seguir siendo niña”

MA_1Texto de María Inés Arce Valdés

Recuerdo que de niña tenía constantemente la ilusión de crecer lo más rápido posible, quería llegar a ser pronto una mujer adulta para poder tomar mis propias decisiones y ser libre, mandarme sola y hacer lo que se me diera la gana.

Ayer conversando con mi hija me dijo espontáneamente “mami, yo quiero seguir siendo niña, me gusta serlo” y algo en mí resonó como madre que soy y como hija-niña que fui y me hizo reflexionar que quizás en esto de la crianza de mis hijos vamos por buen camino y no es que me crea que soy la mejor mamá del mundo o que esto de ser madre me sale fácil, no, NO soy la mamá perfecta, estoy lejos de serlo y la verdad es que de buscar la perfección – que lo he hecho durante toda mi vida- ya estoy harta.

No ha sido fácil este mi camino de la maternidad, ha sido un andar a veces lento, otras veces demasiado rápido, tanto que cada cierto tiempo, siento que se me ha ido de las manos el no estar, el perderme de mis hijos. Han sido años no exentos de dificultades e incertidumbres, de reencuentros con mis muchas sombras, de enfrentarme a desaciertos, algunos sinsabores y demasiadas culpas de todo tipo. Sin embargo, debo decir que todo eso ha valido la pena. Ha valido la pena reencontrarme, romper con los esquemas impuestos, saltar las vallas de lo estandarizado socialmente, cuestionarme lo aprendido para volver aprender a ser la niña-mujer-madre que me hace sentido ser, según mi propia historia de vida y en relación a las personas que han ido llegando a ella y que más amo.

No ha sido fácil volver a encontrarme con aquella niña soñadora y creativa, que a la vez fue niña dolida, solitaria y asustada, no ha sido fácil detenerme a ver su rostro, dedicarle una mirada profunda y amorosa, escucharla desde el corazón, comprenderla y abrazarla con delicado cuidado para intentar reparar sus heridas. Decirle que sí tenía toda la razón de querer crecer a toda prisa como una forma de escapar del peligro, decirle que nada de lo que hacían los adultos era culpa suya, sino más bien fruto de las carencias infantiles de ellos mismos, que todas mis necesidades y emociones eran válidas y que debían haber sido reconocidas y cubiertas.

De mi niñez tengo hermosos recuerdos, pero también algunos de los más dolorosos y tristes. No dudo que mis padres dieron lo mejor que pudieron dar en su momento y yo al menos, sobre todo al convertirme en madre así lo entendí y acepté (que no es lo mismo que justificar) como la experiencia de vida que me tocó aprender, y les agradezco todo lo que hicieron porque contribuyeron en buena parte a que llegara a ser la mujer que ahora soy.

Siempre miramos nuestra infancia con nostalgia, conservamos gratos momentos de ella y nos gustaría retroceder en la historia para volver a ser los niños que fuimos, idealizando en buena parte esta época de nuestras vidas. Muchos de nosotros no nos damos cuenta que hemos anestesiado muchos de nuestros sentidos, hemos tenido que olvidar nuestros recuerdos más oscuros y tristes, porque es lo que nos permitió y nos ha permitido seguir adelante “sobreviviendo”.

A mí me parece importante que podamos conectar desde lo profundo y lo sincero con el/la niñx que fuimos y con aquellos sentimientos de abandono, desamparo, incomprensión, angustia y/o temor que sentimos. La infancia no es la etapa feliz que solemos creer que es y que añoramos volver a vivir. En nuestra sociedad adultocéntrica, los niños no lo pasan todo lo bien que creemos que se lo pasan, los niños no son tomados en cuenta en la mayoría de las acciones y decisiones que tomamos. Todos los niños viven en mayor o menor grado una sensación de vacío, de incomprensión, de no ser escuchados, de ser poco mirados, abrazados, comprendidos.

Cuando niños3Por eso al ver este meme (y otros también) en relación a nuestra niñez quise modificarlo, porque quiero cambiar el discurso que nos damos, primero hacia nosotros mismos, que nos resulta tan fácil faltarnos el respeto (si ya nos lo han faltado desde niños, qué más da que me lo falte yo mismx) y en segundo lugar para darle el verdadero valor a los sentires y pesares que viven nuestrxs niñxs. Si lo único que desean es crecer, sería bueno plantearnos que quizás exista “algo” que no les permite disfrutar su presente.

Te invito a conectar con tu niñx interior, a dedicarle (dedicarte) tiempo a escuchar a los más pequeños, incluso aunque aún no hablen, a observarlos, contemplarlos y aprender de ti y de ellxs.

Suerte que algunxs de nosotrxs dentro de nuestras posibilidades y recursos internos (unos más, otros menos), estamos tomando conciencia que es necesario repasar nuestras historias de infancia, volver a tomar contacto con nuestrx niñx interior, reparar nuestras heridas más primarias, para poder abocarnos a la tarea de criar con tremendo respeto a esas criaturas que vienen a revolucionar nuestro mundo y a enseñarnos su sabiduría simple y pura.

Algunos nos hemos dado cuenta que estamos insertos en un sistema que nos enajena de lo más hermoso de la vida y de la dignidad humana: nuestra sabiduría interior; nos hemos percatado que estamos sumidos en el engaño de la supuesta “libertad de elección”, creyéndonos que tomamos decisiones por cuenta propia, olvidándonos de aquello que deseamos en lo más profundo y verdadero de nuestro ser. Total, nos hemos acostumbrado a anestesiar nuestras emociones, a olvidar algunos recuerdos porque eso es lo que en su momento nos salvó de vivir el infierno o los malos tratos o la negligencia, pero que hoy nos tiene escapando de la realidad y de nuestra propia existencia a través de un sinfín de pensamientos, conductas y/o adicciones: la comida, los medicamentos, las drogas, el alcohol, la violencia, las relaciones tóxicas, las compras compulsivas y un largo etcétera.

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¡Qué loca carrera es la que vivimos! Qué poco le dedicamos de tiempo a nuestros niños, qué poco disfrutamos sus ritmos pausados y despreocupados, qué poco nos dedicamos a nosotrxs mismxs. Tan sólo ayer dediqué un instante a escuchar a mi hija de 9 años y aprendí lo que en 13 años de colegio no me bastó para entender: que aprender sería mucho más entretenido sin tener que rendir notas de por medio, que lo valioso del colegio son los lazos de amistad que se forman y que el crecer implica bastante responsabilidad.

Reconozco que ya siendo adulta, no he logrado la libertad que soñaba de niña, tampoco sé si la lograré obtener tal como ahora la sueño, lo que sí sé es que estoy intentando forjar el camino que deseo vivir y enseñándoles a mis hijos que otras formas de crecer y de criar son posibles, y eso para mí ya es un gran paso.

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