Hagamos las paces con nuestro poder y dejemos de ser complacientes

Sami Aboul AzmlTexto de Bethany Webster
Traducción de María Inés Arce

(Imagen Sami Aboul Azml)

Muchas mujeres expresan este temor: “Tengo miedo de quedarme sola si llego a tener éxito”.

He conversado con mujeres de diversos países en todo el mundo que han expresado literalmente esto.Y algunas me han comentado que sienten un extraño y aplastante miedo de que su madre morirá si ellas llegan a tener éxito. Puede parecer irracional o sorpresivo. Pero las raíces de este sentimiento están en situaciones reales que les sucedieron a temprana edad. Es importante entender esto a nivel personal y cultural, ya que al entenderlo, conseguimos liberarnos de un antiguo patrón que ha limitado a las mujeres durante siglos. (Te pido paciencia, este es un post largo. Tal vez te apetezca tomar una taza de té mientras lo lees!)

No tememos al éxito. Esta es una idea errónea. Lo que realmente tememos es al abandono.

El miedo al éxito” indica que tiempo atrás aprendimos a relacionar el éxito con la pérdida.

Tras el miedo al éxito se encuentran los recuerdos del abandono que experimentamos en el pasado, durante nuestra infancia, en momentos en los que nuestra alegría, de alguna manera, desencadenó la ira, el miedo o los celos de nuestra madre o de nuestros padres. Así es como aprendimos a combinar nuestra alegría personal con un sentimiento de pérdida de pertenencia.

El miedo al éxito” es un eco de estos recuerdos.

Karina. Wildgoods

Yo no creo que tengamos miedo de ser “desmesuradamente poderosos”, como describe Marianne Williamson en su famosa cita. Yo creo que la niña que llevamos dentro tiene miedo al rechazo permanente que podría implicar la posesión de este gran poder.

Contexto cultural

Existe una falta de conciencia intrínseca a nuestra cultura patriarcal. Es el trasfondo invisible de todos nuestros problemas actuales. Está tan entretejido en la estructura de nuestra sociedad que apenas se percibe. Es la creencia de que siempre hay un “o esto o lo otro”.

La causa más profunda de esta falta de conciencia generalizada tiene sus raíces en la vida de las personas a lo largo de los siglos. Lo cierto es que la primera carencia que experimentamos fue el terror de sentirnos abandonados por la persona que necesitábamos para sobrevivir; nuestras madres (ya fuese de manera momentánea o crónica).

Imad Abu Shtayyeh

Históricamente, hemos vivido en una cultura que no toma en serio los miedos infantiles.  En general, nuestra cultura ignora los temores de los niños, los considera insignificantes y no son motivo de preocupación. Es cierto que desde la perspectiva de un adulto, esas cosas que aterrorizan a los niños son intrascendentes. Pero nuestra incapacidad para dar el paso de empatizar con las cosas que se sienten desde la perspectiva de un niño demuestra lo alienados que estamos la mayoría de nosotros del dolor de nuestras propias infancias.

Los padres no pueden impedir por completo que los niños experimenten momentos de miedo o soledad. Sin embargo, pueden empatizar con ellos de manera consistente, de modo que con el tiempo, el niño desarrolle una sensación predominante y generalizada de seguridad. La empatía es la clave. Tener empatía es más fácil para aquellos adultos que han hecho el duelo de su propia historia y que no necesitan ignorar el dolor de sus hijos para poder negar su PROPIO dolor.

Isabelle Bryer

En repetidas ocasiones escucho a las mujeres que se apuntan a mi curso en línea que cuanto más incorporan a su amorosa madre interior a su propia niña interior, más presentes, empáticas y emocionalmente disponibles se encuentran para sus hijos, y el resultado es una conexión cada vez más rica entre ellos.

A nivel cultural, hemos equiparado poder femenino con abandono.

Este es un eco cultural de esa  carencia original del sentimiento de abandono por parte de la madre. En términos generales, los hombres han temido que las mujeres, conscientes de su poder, abandonen su rol de cuidadoras. Y el patriarcado ha enseñado a los hombres a renegar de sus propias habilidades para criar, animándoles a buscar nutrición, principalmente a través del sexo.

La necesidad social de una mujer sumisa, desconocedora de su poder, refleja nuestra necesidad colectiva  más profunda de encontrar a una madre que no nos abandone. Es una proyección de nuestros niños interiores traumatizados que esperan ansiosos a una madre que no acude. Tenemos que renunciar a este sueño colectivo. Ella sólo puede venir desde nuestro interior. La madre interior surge al hacer el duelo y al aprender a cuidarnos con consistencia. Es una habilidad que se puede aprender. Si no somos capaces de hacer el duelo y de aprender a ser nuestra propia madre, corremos el riesgo de traspasar la herida de la madre a la generación siguiente.

Joyce Huntington

Culturalmente tenemos que hacer el duelo. Personalmente tenemos que hacer el duelo. Y las situaciones en el mundo exterior reflejan este creciente imperativo interior de mirar hacia nuestro propio dolor. Hay un interesante paso evolutivo dentro de la herida de la madre – esto es, SI escuchamos la llamada interior y lloramos. Sin embargo, si optamos por seguir postergando la pena, continuaremos actuando y dañando a la tierra. Cuantas más personas hagan este trabajo, mayor será la transformación cultural.

A nivel personal, el éxito puede recordarnos nuestra capacidad de desencadenar los miedos de nuestras madres y la consecuente amenaza de abandono por su parte.

¿Escuchaste alguna de estas frases mientras crecías?

  • “No la halagues. Se le subirán los humos a la cabeza” (dicho a alguien que te elogiaba).
  • “Deja de mirarte” (si te mirabas al espejo)
  • “¿Quién te has creído que eres? ¡Te voy a poner en tu lugar!”
  • “No te quejes, muchas personas lo pasan peor que tú” (al manifestar necesidades).

Para las mujeres de las generaciones pasadas, el éxito femenino equivalía al abandono.

De niñas y jóvenes, se nos enseñó que nuestro valor proviene de apoyar a otros y reducirnos a nosotras mismas durante el proceso. Se nos enseñó que “las chicas buenas” no “brillan demasiado”. También vimos cómo esta creencia dañó y agotó a nuestras madres.

Aprendimos a ver nuestro éxito como una traición a la regla tácita de agradar a los demás por encima de nuestras propias necesidades.

Auna Salome

La soledad a la que tememos cuando imaginamos el éxito futuro, es un eco interno de la terrible soledad que experimentamos en el pasado siendo niños pequeños, cuando en nuestra inocente alegría, irritamos- inesperadamente- a nuestra madre, padre o cuidador.

La buena noticia es que lo que más tememos ya ha sucedido. Nunca podremos volver a ser abandonados a ese nivel. De adultos, nunca seremos tan indefensos, vulnerables o dependientes como lo fuimos de niños.

Es posible que hayamos experimentado abandono emocional o físico o violencia. Puede ser que nuestra mente consciente no recuerde los detalles. Pero nuestro sistema nervioso los recuerda claramente. Y arroja las señales de advertencia de “lucha, de huida o de bloqueo” cuando nos permitimos contemplar niveles de éxito o de felicidad, que en nuestras familias fueron considerados como traiciones.

Clare Elsaesser

Nuestra libertad está en la valentía que tengamos para llorar la traumática soledad que sentimos siendo niños. El miedo al éxito se desvanece a medida que lo hacemos, permitiéndonos avanzar más libremente en nuestro potencial.

Puede ser que tome tiempo reunir el valor para sentir por completo este dolor. Se hace de a poco. Es un dolor existencial primordial y puede ser que se sienta como si se estuviera llorando la muerte de muchas generaciones pasadas. Te puedo decir, por experiencia, que esto duele como el infierno, pero NO te va a matar y VA a pasar. Y el alivio que se siente cuando disminuye la pena abre un mundo completamente nuevo. Es como si las placas tectónicas de tu ser se desplazaran finalmente a su lugar, abriendo posibilidades que antes te eran invisibles.

Lo cierto es que tu valor no depende de la capacidad de los demás para verlo.

Ahmad Al Shahabi

Las personas que en tu vida te piden empequeñecerte debido a sus propias inseguridades, rara vez llegan a ser capaces de ver tu magnificencia. Es importante internalizar esto. Por lo general, tu empequeñecimiento sólo permite la propia evasión de ellos mismos. Las cosas cambian radicalmente cuando te das cuenta que no pierdes nada al dejar de luchar por el amor de las personas que simplemente son incapaces o no están dispuestos a dártelo.

¿Alguna vez has sentido la necesidad de ocultar o restar importancia a tu éxito?

Como mujeres, sentimos culpa debido a la falsa suposición de que nuestro trabajo es hacer que la gente se sienta siempre bien. Si no se sienten bien todo el tiempo, creemos es un fracaso nuestro. Date el permiso de acabar con esta antigua culpa. Nunca fue una verdadera obligación.

Tenemos que dejar de lado este rol “complaciente” con el fin de entrar completamente en nuestro poder.

Samira Abbassy

Lo cierto es que no podemos proteger a las personas de sus propios sentimientos de dolor. Distraer a los otros de su dolor no les sirve. Sólo prolonga su sufrimiento y posterga su sanación.

Lo irónico es que ser “complaciente” no es lo mismo que ser generoso. En realidad es una manera de alimentarse de otras personas con el fin de sentirse mejor con uno mismo. ¿Estás evitando tu propio dolor centrándote en agradar a los demás?

De hecho, lo que sucede es que hay una transgresión de límites. Tenemos que ver qué es lo que estamos haciendo realmente cuando tratamos de complacer a los demás a toda costa. En realidad, estamos usando a la gente para sentir nuestro propio valor. Esto viene de un lugar de privación interior en el que te “alimentas” de la validación de los demás. (Es realmente desgarrador asimilar que ha habido generaciones de mujeres que sentían que no tenían otra fuente de validación que no fuese complacer a los demás).

Nuestros intentos por validar a nuestras madres o los esfuerzos para reparar el daño infligido a ellas no pueden deshacer el sufrimiento que ellas vivieron. Resístete a la tentación de creer que sufrir de la misma manera que lo hizo tu madre es una forma de solidarizar con ella. No lo es; es una forma de oprimirte interiormente. Sólo podemos hacer el duelo y seguir adelante.

Hacer las paces con nuestro poder implica aceptar el hecho de que nuestra autenticidad desencadenará, inevitablemente, sentimientos de dolor en los demás. (Y no pasa nada. En serio.)

Shiloh Sophia McCloud

Cuando cortamos con la sobrecarga de nuestras relaciones, recuperamos una enorme energía que podemos aprovechar para nuestra propia evolución. Y esto devuelve a los demás su poder para procesar y utilizar sus propias emociones para su propia transformación. Estos actos son llaves para la sanación que pertenecen a la persona que los lleva a cabo; la llaves hacia su puerta interior. Su travesía consiste en usar el detonante para abrirse a una mayor libertad interior. Son una oportunidad para tomarla o no.

Hay un tipo de libertad deliciosa cuando cometemos errores, somos malinterpretadas y no agradamos.

Es delicioso saber que esas cosas ya no tienen el poder de disminuir tu amor propio. Cuando ocurren, te puedes sentir incómoda por momentos, pero ya no te llevarán fuera de tu centro. De hecho, empiezan a servirte como oportunidades para cuidar de ti mismo de manera más efectiva y anclarte aún más a tu verdad.

Rafael Espitia

Esta libertad deliciosa no es lo mismo que ser oposicionistas o rebeldes por el mero hecho de serlo. Es deliciosa, porque es parte de la libertad de ser una persona completa. Ser una persona significa tener el derecho a tener todo tipo de emociones y sentimientos que merecen respeto aunque no sean compartidos. Ser una verdadera persona es una libertad que no le fue permitida a la mayoría de nuestras abuelas y bisabuelas. Reivindicar el derecho de ser una persona podría haber significado la injuria, la muerte o el rechazo. Permanecer empequeñecidas fue, sin duda, una manera de estar a salvo y fuera de peligro.

La verdad es que cuanto más grande sea el cambio que queramos experimentar en nuestras vidas por fuera, mayor debe ser el cambio interior primero. Para que estos cambios sean grandes y duraderos, debemos ir al origen de la causa, a nuestro pasado, donde se instauraron los patrones de dolor en nuestra infancia. Llorando esta causa abrimos nuevos horizontes que antes nos resultaban inalcanzables. Nos convertimos en agentes de cambio generacional!

Toni Truesdale

Resultará incómodo dejar de condicionar nuestro valor al hecho de agradar a los demás.

Estaremos incómodas porque estaremos soltando un antiguo patrón que nos resulta familiar. Y los demás se sentirán incómodos porque el mediador entre ellos mismos y sus “cosas” habrá desaparecido. Se verán obligados a estar en contacto con su propio dolor. Tu capacidad para superar la incomodidad derivada de este cambio es fundamental. Recuerda que este malestar es temporal. Lo importante es resistir los sentimientos de culpa que puedan surgir y no permitirles que dirijan tu conducta. Usa la culpa como un estímulo para valorarte a ti misma más plenamente.

Siendo consistente, la incomodidad dará paso a un profundo bienestar, al sentimiento de la alegría de pertenecerte a ti misma.  Al ser una mujer radiante con el permiso para ser completamente tú misma, ofreces una poderosa “frecuencia de posibilidades” para otras. Te conviertes en la realización de un antiguo sueño de tus ancestras — una mujer que es una persona, una mujer en sí misma…

Mollie Kellogg

©2015 Bethany Webster.

Traducción de María Inés Arce. Revisión de Carlota Franco.
Texto original: “Making Peace with Our Power and Releasing the “Pleaser

Deja un comentario